Título: Problemas teórico-metodológicos en los estudios de la apropiación de las Tecnologías de Información y Comunicación en el caso de jóvenes de sectores populares urbanos.1 Autores: Carolina Aguerre. Conicet/UdeSA. ([email protected]). Área de investigación: Gobernanza Digital. Sebastián Benítez Larghi. Conicet/UNLP ([email protected]). Área de investigación: Apropiación social de las TIC. Marina Calamari. UdeSA ([email protected]). Área de investigación: Políticas Públicas de acceso a TIC. Ariel Fontecoba. Conicet/UNLP ([email protected]). Área de investigación: Sectores populares y economía social. Marina Moguillansky. Conicet/UNSAM ([email protected]). Área de investigación: Juventudes Jimena Orchuela. UNLP ([email protected]). Área de investigación: Sectores populares Jimena Ponce de León. UBA ([email protected]). Área de investigación: Apropiación social de las TIC. Rosalía Winocur Iparraguirre. UAM ([email protected]). Área de investigación: Apropiación social de las TIC. Número de Eje: 7 Palabras clave: Apropiación – TIC – Juventudes de Sectores Populares Introducción. La presente ponencia se enmarca dentro de un proyecto de investigación perteneciente al Programa de Becas de Investigación “Amy Mahan” financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC/CDRR) de Canadá. 1 Este trabajo ha sido llevado adelante con la ayuda del Programa de Becas Amy Mahan para Evaluar el Impacto del Acceso Público a las TIC financiado por International Development Research Centre (IDRC), Ottawa, Canada, administrado por la Universitat Pompeu Fabbra (UPF), Barcelona, España, y el asesoramiento técnico de la UPF y de Dr. Hernán Galperín. 1 El objeto de estudio de nuestra investigación se concentra en los procesos de apropiación del acceso público a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) por parte de las juventudes de sectores populares urbanos de la Argentina. Nuestro interés se enfoca en los modos en que estos actores utilizan y otorgan sentido a las nuevas tecnologías en su vida cotidiana a partir del acceso público que tienen a su disposición. Para ello compararemos tres tipos de acceso público diferentes, indagando la contribución de cada uno de ellos en términos del desarrollo socio-económico de los grupos sociales estudiados. Con este objetivo, hemos seleccionado tres modelos distintos de acceso público situados en el municipio de La Matanza, un partido densamente poblado situado en la periferia de la Ciudad de Buenos Aires y con uno de los mayores índices de pobreza del país: 1) una iniciativa comunitaria de una organización social; 2) un Centro Tecnológico Comunitario (CTC) ubicado en un centro de adolescentes y sostenido conjuntamente por el Estado Nacional y el municipio; y 3) un centro privado con fines comerciales o cibercafé. Los tres se enmarcan en un contexto de pobreza y marginalidad urbana que impacta de manera especial a las juventudes de sectores populares, causando un déficit de integración social. Mediante nuestra investigación buscaremos determinar qué contribuciones hace cada uno de estos espacios en relación con las siguientes dimensiones de la vida cotidiana de las y los jóvenes que los utilizan: sociabilidad, educación, empleo, participación y compromiso político. En la presente ponencia recorreremos, en primer lugar, el contexto general de acceso a las TIC por parte de los sectores populares y sus jóvenes a partir de la bibliografía relevante sobre el tema y, en segundo lugar, plantearemos los ejes centrales de la discusión teórica y metodológica a la que nos enfrentamos a la hora de comenzar a diseñar nuestra investigación. De este modo, además de una reseña bibliográfica crítica del estado de la cuestión, discutimos aquí las nociones de apropiación, impacto, uso y consumo, entre otras, y exponemos las premisas y supuestos acerca del vínculo tecnología-sociedad desde los cuales partimos, así como su incidencia en la estrategia metodológica adoptada. Luego, desplegamos las dimensiones de análisis junto a las variables e indicadores construidas para nuestra investigación y justificamos las herramientas de indagación escogidas. Por último, como conclusión, reflexionamos en torno a las potenciales aportes que nuestro estudio puede ofrecer tanto en términos de conocimiento académico de la temática como en términos de contribución al mejoramiento del diseño de políticas públicas. 2 2. Condiciones generales de acceso a las TIC por parte de los sectores populares y sus jóvenes. Más allá del crecimiento sostenido y la tendencia a la masificación del acceso, datos disponibles arrojan que casi un 48% de la población nunca se conectó a Internet (SNCC, 2008: 54). Esto nos habla de un fenómeno desigual y diferenciado directamente asociado a tres variables: el nivel socio-económico, la edad y la región de residencia. El acceso a Internet está sostenido por las clases altas, medias altas y medias; por los jóvenes de 12 a 34 años; y por los residentes en el AMBA (SNCC, 2005: 142). A los fines de nuestro estudio, nos interesa prestar mayor atención a las diferencias de clase y de edad. Actualmente, todavía un 88% de los hogares no cuenta con acceso a Internet y más de un 60% de las personas de los niveles de más bajos recursos jamás navegó por la Red (SNCC, 2008: 54). Esta situación es correlativa con la posesión de computadoras en el hogar y las conexiones a Internet. Asimismo, al interior de los hogares conectados, el tipo de conexión se distribuye desigualmente: mientras un 57% de los hogares conectados del sector ABC1 y un 44% de los C2 tienen Banda Ancha, ningún hogar de clase popular poseía (al momento del estudio) este tipo de conexión (SNCC, 2008: 51). En cuanto a la antigüedad de conexión, son los sectores altos y medios altos quienes mayor experiencia acumulan tanto en la posesión de computadoras como en el acceso a Internet. En resumen, el acceso de las clases populares a las TIC, sobre todo a Internet, es considerablemente menor que el de otros sectores sociales. Mientras nueve de cada diez individuos de clase alta y ocho de cada diez de clase media acceden a Internet, sólo 2 de cada diez individuos de clases populares lo hacen (SNCC, 2008: 51) Cuestión que se amplifica si incorporamos la variable etárea: son básicamente los más jóvenes de sectores populares quienes van accediendo a Internet; ergo, a menor nivel socioeconómico y a mayor edad se incrementa el no acceso a Internet. Una conclusión obvia de esta situación nos indica que cuanto menores son los recursos económicos y las competencias educativas y culturales necesarias para manejar las TIC, menores son las capacidades de acceso. Sin embargo, una lectura más profunda, nos pone frente a un fenómeno sembrado de complejidades. La falta de recursos económicos como variable explicativa del acceso al equipamiento y la conexión necesaria ha perdido su eficacia explicativa a partir de la aparición de los cibercafés y locutorios. Gracias a estos espacios privados de acceso 3 público, la conexión a Internet está disponible sin que sea necesaria una inversión sustanciosa en computadoras y abonos. Como indican los sondeos, los cibers y locutorios han jugado – y aún lo hacen – un papel sustancial en el acceso de las clases medias bajas y bajas a Internet. Se debe tener en cuenta que actualmente – año 2008 – sólo un 12% de los hogares cuenta con conexión a Internet, atributo casi exclusivo de los niveles socioeconómicos altos, medios altos y medios. En consecuencia, la gran mayoría de los usuarios del nivel socioeconómico más bajo se conecta desde un locutorio o cibercafé (D’Alessio-Irol, 2006; SNCC, 2005 y 2008) De allí, el inesperado rol socializador de las TIC entre las clases populares que cumplen los cibercafés y los locutorios, tal como se destaca en el estudio de Finquelievich y Prince (2007). Por otra parte, las estadísticas (SNCC, 2006 y 2008) demuestran que, en el caso de Internet, el lugar desde donde se accede impacta en los hábitos y rutinas de consumo: quienes acceden desde lugares públicos lo hacen con menor frecuencia e intensidad. Sin embargo, los autores se preocupan en señalar que sería engañoso que estos emprendimientos privados puedan reemplazar la ausencia del Estado y otras organizaciones comunitarias. En consecuencia, “parte de una población de muy bajos recursos, o habitantes de lugares remotos o de baja densidad poblacional continúan excluidos del acceso” (Finquelevich, 2005: 23) Más allá de las desventajas que presentan estos espacios, resulta innegable su rol facilitador en el acceso de las clases populares a las TIC, refutando las explicaciones economicistas de la brecha digital. En efecto, las estadísticas demuestran la escasa relevancia del componente económico a la hora de explicar las razones del no acceso a Internet. Por lo tanto, los datos sobre el acceso a las TIC de los sectores populares expuestos anteriormente deben ser relativizados en función de estas nuevas tendencias. Mientras el 35,3% de los que no utilizan Internet aducen no saber usarla, un 33,2% demuestra falta de interés y un 10,3% declara que no necesita conectarse a Internet para sus actividades, sólo un 6,2% atribuye su desconexión a factores económicos como los costos de Internet o la falta de computadora (SNCC, 2005: 151). Según el informe, el desconocimiento del uso de Internet es el motivo que prevalece entre los de nivel socioeconómico bajo y los mayores de 50 años. Si bien los otros motivos que presenta el informe (falta de interés, tiempo y necesidad) no están desglosados por niveles socioeconómicos, dado que prevalecen individuos de clases populares entre los no usuarios de Internet, podemos inferir que estas respuestas son representativas de estos sectores. Por lo tanto, el aspecto económico de la llamada 4 “brecha digital”, centrada en la cuestión del acceso al equipamiento y a la conexión física, pareciera quedar sin efecto. Sin embargo, el hecho de que las clases populares encuentren en la falta de conocimiento el principal motivo para no utilizar Internet viene a confirmar que el aspecto cultural de la brecha digital – la llamada brecha de segundo orden – sigue teniendo peso. Evidentemente, la ausencia de ciertos capitales culturales y educativos condiciona la capacidad de apropiación de las TIC (Moya, 2005). La cuestión no pasaría ya por acceder o no a las herramientas sino en cómo y, sobre todo, para qué hacerlo. Estas carencias ponen en evidencia la necesidad de políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades (Kaufman, 2006), ya no simplemente en el acceso de las clases populares a las TIC, sino en el manejo de estas herramientas de acuerdo a sus propios intereses y necesidades. Las diferencias entre los niveles socio-económicos no son una cuestión simplemente del acceso a las TIC, sino que también se verifican en los usos concretos que se hacen de ellas. En el caso de Internet, es indudable que el lugar desde donde se accede impacta en las frecuencias e intensidades de uso condicionando, por lo tanto, los hábitos y rutinas de consumo. Por ejemplo, quienes acceden por Banda Ancha en el hogar están permanentemente conectados, incluso cuando no están frente a la computadora, y realizan actividades en Internet de forma fragmentada a lo largo del día. En consecuencia, les resulta difícil distinguir el tiempo de conexión respecto del tiempo de no conexión Para ellos, tener la computadora es sinónimo de estar conectados más allá de que se la esté o no utilizando (Pahor, 2008). En cambio, quienes poseen una conexión dial up o acceden desde un ciber utilizan Internet durante un lapso delimitado. Para ellos, estar conectado equivale a estar frente a la pantalla. Sin embargo, al analizar los propósitos y destinos de las prácticas de consumo de las TIC, observamos claras diferencias entre las clases sociales más allá del tipo y lugar de conexión. Esto se refleja en cómo se distribuye el uso de distintas aplicaciones relacionadas a Internet. En promedio, según datos del SNCC (2008: 56-57) el uso del correo electrónico es el más difundido (71,9% de los usuarios entrevistados lo utilizan) seguido por el Chat (62,6%) y la búsqueda de información para trabajo o estudio (58,6%). Ahora bien, si se diferencia entre los distintos niveles socioeconómicos cambia la ponderación de estas aplicaciones. Mientras que los sectores de mayores recursos privilegian el envío de mensajes por correo electrónico (85,8%) y la búsqueda de información para trabajo o estudio (75%) por sobre el Chat (63,5%), los sectores populares prefieren esta última herramienta tanto como el correo electrónico (63.4 % y 5 63% respectivamente), descendiendo considerablemente la búsqueda de información para trabajo y estudio (47,2%), para información general (en este rubro el sector ABC1 duplica al DE: 24,% frente a 12,1%), para ocio y vacaciones (sólo 4,6% de los usuarios DE frente al 24,8% de los ABC1), para temas de salud (7,9% versus 20,2%); algo similar ocurre con la utilización de Internet para bajar música, video y software (28% para los ABC1, 16,7% para los C2 y 13% para los DE). Estas diferencias se corroboran con los datos que arroja la Encuesta Nacional sobre consumos culturales de niños de 11 a 17 años realizada por el Ministerio de Educación argentino en el año 2007. Mientras que entre los niños de mayores recursos el chat y los juegos van a la par de la búsqueda de información y la utilización de la PC para realizar las tareas (65%, 70%, 60%, 70% respectivamente), entre los de menores recursos las dos primeras aplicaciones casi triplican a las segundas (75%, 85%, 35% y 30% respectivamente) (Ministerio de Educación, 2007). Lo mismo sucede con la lectura de textos on line (un 63,5% de los usuarios de clases altas y un 41% de los de clase media contra sólo el 18% de clases populares) (SNCC, 2005: 29) Queda claro entonces el componente lúdico y comunicativo de Internet en el caso de los sectores de menores recursos y como complemento de la educación, el trabajo y la cultura letrada en el caso de los sectores de mayores recursos. El 49% de los adolescentes no tiene celular propio, el 45,6% no usa Internet y el 48,3% no suele leer (BDSI, 2007). Entre quienes dicen no tener celular propio, un 65% proviene del 10% de hogares de nivel socioeconómico más bajo mientras que en el 10% de los hogares más altos es el 37,5%; quienes dicen no utilizar Internet el 70,4% pertenece al 10% de los hogares más bajos y el 4,8% a los hogares del decil más rico; y por último quienes suelen no leer, el 59,1% pertenece al 10% de los hogares más pobres y el 47,2% a los hogares más ricos (BDSI, 2007). En el nivel socioeconómico medio-alto, el 88% de los jóvenes accede a Internet mientras que en el nivel bajo desciende a un 49% y en el muy bajo a 34%. Esto muestra la importante brecha existente, al mismo tiempo que denota una relativamente alta adopción de Internet entre los jóvenes argentinos, que la lleva a ubicarse en el octavo lugar en todo el continente americano del Índice de Oportunidad Digital 2006. Estas cifras ilustran claramente cómo el acceso a las nuevas tecnologías tiende a ser mucho más desigual que el acceso a la lectura como tecnología tradicional. La brecha se acentúa especialmente en el uso de Internet más que en el celular (hay una diferencia de casi veinte veces) mientras que en el celular es de 2 a 1, lo que muestra 6 como una tecnología más económica como el celular, puede entrar a las capas más pobres de la sociedad. Es de destacar que las diferencias en el acceso y uso de Internet, celulares y lectura es bastante pareja entre ambos sexos. Hay una leve distancia entre los varones que usan más Internet (56,9% contra 51,8%), mientras que en la lectura prevalecen las mujeres (56,8% lee con frecuencia, contra un 46,6% en el caso de los varones). (BDSI, 2007). Los adolescentes no mencionan la computadora como material de estudio, mientras que sí usan fotocopias en casi un 50%, manuales (17,8%), libros de actividades (20,3%) y otros libros de acuerdo al Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, lo que llama la atención si se lo compara con el estudio de Roxana Morduchowicz (2008), directora del Programa de Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, que señala a Internet como una herramienta central. En algunos hogares, ya se visualiza una competencia entre libros y TIC, y si se tiene en cuenta que en cuatro de cada diez hogares tienen seis libros como máximo, se puede decir que casi tienen más pantallas que libros en sus casas (contando a los teléfonos celulares). Los jóvenes tienden a leer poco: un 65% sólo lee uno a tres libros anualmente - no siendo libros de texto. Morduchowicz (2008) destaca en su investigación que la computadora no es enemiga de la lectura, ya que los adolescentes que más leen son también aquellos que hacen un uso más diversificado de la computadora. Sin embargo, que “la computadora no es enemiga de la lectura” es solo un fenómeno limitado. La conducta descripta se verifica solo, según el mismo informe, en los sectores de mayores recursos, en donde se registran porcentajes similares, entre el 70% y el 60%, para los consumos livianos de la computadora (chat y juegos) vs los consumos “serios” (hacer la tarea, buscar información). Por el contrario, en los sectores de menores recursos, en tanto los consumos livianos de la computadora (chat y juegos) alcanzan 85% y 75% respectivamente, los consumos “serios” (hacer la tarea, buscar información) solo llegan al 30% y 35% respectivamente. (Morduchowicz, 2008: 47). Por su parte, en el trabajo de Morduchowicz (2008) se manifiesta una tendencia entre jóvenes argentinos que no escapa a la corriente mundial, pero que difiere de ella en las formas de acceso a los nuevos medios de comunicación. El equipamiento y la conectividad son más frecuentes en países industrializados, pero en este país, incluso en sectores de menores recursos, la mayor desigualdad se manifiesta en la posesión del equipamiento en el hogar, ya que el uso se concreta en lugares públicos como locutorios o cibercafés. En Argentina, entre un 30% y 40% de los jóvenes tienen computadora en su casa y su uso frecuente es muy 7 alto: el 80% en la investigación de Morduchowicz, y el 55% en la investigación realizada por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (BDSI, 2007). Si bien los adolescentes argentinos transcurren la mayor parte de su tiempo en su propio hogar (73,6%), casi la mitad de ellos suelen concurrir a casa de amigos y otros familiares, es llamativo que el 13% de los varones frecuenta un cíber o locutorio en sus ratos de ocio, mientras que casi un 8,7% de las mujeres lo hace, promediando un 10% del tiempo de ocio de los adolescentes en estos lugares. Pero es también un lugar de más prevalencia entre los niños de 6 a 12 años, sobre todo en las capas medias donde el 3,4% ya suele jugar en estos espacios. (BDSI, 2007, 194). El caso de los cibercafés o “ciber”, como suelen llamarse en Argentina, presenta un patrón muy interesante de acceso, de socialización y de aprendizaje, en cuanto se conforman como espacios privados de carácter público (Finquelievich, S., Prince, A. 2007). En este estudio, realizado entre 2003 y 2007, los autores exponen que un tercio de los internautas acceden desde estos lugares a Internet. El estudio hace foco en los grupos de menores ingresos, y en particular en los niños en situación de calle que usan Internet en estos sitios. Entre los encuestados para este estudio, más del 70% concurre por no poder conectarse desde el hogar, ya sea por no tener una PC o por no tener conexión a Internet. Los jóvenes son los consumidores más frecuentes de los ciber. Los usuarios que tienen hasta 25 años de edad sumaban el 49% del total relevado en 2004. No obstante, en los últimos años se ha registrado la incorporación de edades muy bajas: los menores de 18 años representan el 26% de los usuarios actuales (Finquelievich y Prince, 2007). Finalmente, es pertinente observar de qué manera conviven y se complementan las computadoras, Internet, los celulares y otros medios de comunicación tradicionales en el mundo popular. En primer lugar, debemos recordar que la disponibilidad de computadoras e Internet en los hogares de clases populares es muy reducida. A diferencia de las clases altas y medias, el protagonismo tecnológico mediático en los hogares populares lo siguen ostentando la televisión y la radio (SNCC, 2008) Consecuentemente, resulta lógico que tanto los hábitos multimediáticos (la ejecución y consumo de múltiples medios de comunicación simultáneamente), como el llamado multitasking, si bien es un fenómeno típicamente juvenil, sea más aplicable a las realidades de los jóvenes de las clases altas y medias. Sin embargo, existe una fuerte presencia de múltiples medios entre los jóvenes de sectores populares y, lo más 8 importante, es que las computadoras e Internet tienden a complementarse con ellos más que a suplantarlos. 3. Marco teórico. Sobre el vínculo Tecnología y sociedad. Si bien ya desde sus comienzos, los estudios de las TIC nunca ignoraron el rol activo de los usuarios (dado que su manipulación resultaba evidente), los análisis se limitaron, en un primer momento, a las interacciones en el ciberespacio como experiencias paralelas al mundo real obviando la influencia de las dimensiones de la vida cotidiana presentes en todo proceso de apropiación. Luego, desde hace aproximadamente una década, a pesar de que esta tendencia comenzó a ser revertida otorgando más peso a la contextualización y a las conexiones entre el mundo on line y el mundo off line, ha persistido la impronta dominante de atribuir a la tecnología una capacidad de transformación de la vida cotidiana por sí misma. Esta perspectiva cree que el uso de las TIC se limita al dominio de las competencias digitales y, por ende, está determinada exclusivamente por las potencialidades brindadas por la tecnología y no por las posibilidades de los sujetos. En consecuencia, bajo este enfoque se suele hablar de la “influencia”, del “impacto” y de los “efectos” de las TIC en la vida cotidiana limitando la capacidad de los sujetos a su mero “consumo”. En estos abordajes de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) está implícita una teoría instrumental de la tecnología. Como bien la analiza Feenberg (1991), dentro de esta perspectiva teórica, la tecnología es considerada como una herramienta “neutral”, es decir, sin ningún contenido valorativo en sí misma.2 La tecnología, en tanto pura instrumentalidad, es indiferente a la variedad de fines para los que puede ser utilizada. Por lo tanto, permanece totalmente indistinta a las ideologías políticas y a los contextos socio-históricos donde se utilizan.3 Según esta visión, las tecnologías son neutrales 2 Feenberg también critica otro posicionamiento teórico respecto a la tecnología: la teoría sustantiva de la tecnología. Esta teoría, sostenida por Ellul, Heidegger e, incluso, Habermas le atribuye a la tecnología una fuerza cultural autónoma capaz de arrasar todos los valores. A diferencia de la teoría instrumental que considera a la tecnología como variable dependiente de los valores y costumbres sociales que le asignan diferentes metas, la teoría sustantiva afirma que el mero uso ya trae aparejado consecuencias nocivas para la humanidad y la naturaleza. Dado que la teoría instrumental prevalece tanto en el sentido común dominante como en la mayoría de los abordajes académicos de las TIC, nos dedicaremos aquí a su crítica sin que ello implique que abonemos la teoría sustantiva. 3 “La neutralidad socio-política de la tecnología es generalmente atribuida a su carácter “racional” y a la universalidad de la verdad que ella encarna. La Tecnología, en otras palabras, esta basada en proposiciones causales verificables. Es más, al ser estas proposiciones verdaderas no son ni social ni políticamente relativas, por el contrario, al igual que las nociones científicas, mantienen su status 9 porque son medidas esencialmente, por las mismas normas de eficiencia en todos los contextos y momentos históricos, cualesquiera que estos sean (Feenberg, 1991: 4). Pues bien, nuestra investigación se posiciona enfrentada a este paradigma dominante. Rechazamos la idea de neutralidad vigente e incorporamos elementos propios de una visión constructivista de la tecnología (Pinch y Bijker, 1984) y de la sociología pragmática de Latour (1992, 1993, 2004) para ubicarnos dentro de lo que Feenberg (1991, 2005) plantea como una teoría crítica de la tecnología en nuestro abordaje de las TIC. Este enfoque teórico nos indica que el sentido de toda tecnología no admite una definición a priori: lejos de venir implícito en sus cualidades materiales, su significado se va construyendo de acuerdo a las prácticas sociales e históricas que los sujetos tejen articuladamente con los objetos. El significado de la tecnología puede resultar plenamente cognoscible sólo sí se tiene en cuenta la dimensión hermenéutica de los artefactos, es decir, las interpretaciones que los usuarios hacen de ella. En consecuencia, nosotros no concebimos la tecnología como un conjunto de saberes e instrumentos neutrales, aplicados a la transformación de la naturaleza, ahistórico y escindido del resto de las relaciones sociales, sino como un producto social de las interrelaciones humanas. Si bien todo proceso de transformación de la naturaleza ha implicado en mayor o menor medida un desarrollo tecnológico, lejos y contrarios a todo determinismo tecnológico (ideología siempre funcional a los intereses de las clases dominantes), creemos que son las condiciones socio-históricas en las que éste se desenvuelve las que le otorgan un sentido particular y distintivo respecto a otros momentos históricos. Sin embargo, sostener que el orden técnico es más que una suma de herramientas no significa que entendamos a la tecnología como algo vacío e inocuo con lo que se puede hacer cualquier cosa u otorgarle cualquier sentido. Si bien entendemos que el significado de toda innovación tecnológica no viene delimitado por las características objetivas impuestas en su fabricación (sino que son los sujetos quienes, mediante sus usos y aplicaciones, terminan de definirlo), no debemos por ello ignorar que las estructuras objetivas también operan con sus formas sobre lo social. No se trata de meros objetos donde se proyectan y depositan sentidos sino que la tecnología interviene activamente en lo social con sus propias formas estableciendo límites precisos a los procesos de recepción. La tecnología trae consigo determinados códigos cognitivo en cualquier contexto social concebible. Por lo tanto, lo que funciona en una sociedad determinada, puede esperarse funcione igual de bien en cualquier otra” (Feenberg, 1991: 4). 10 técnicos que delimitan las posibles interpretaciones que de ella se puedan tejer (Latour, 1992). Es justamente dentro de este espacio que las estructuras tecnológicas delimitan el campo hermenéutico de la recepción. Lo interesante es que las interpretaciones que hacen los usuarios pueden influir y retroalimentar el circuito del diseño de los aparatos tecnológicos, aspecto que Pinch y Bijker (1984) denominan como la flexibilidad interpretativa de la tecnología. Se trata de un proceso recíproco donde las estructuras objetivas demarcan el campo de la interpretación pero al mismo tiempo asimilan, desde la propia fase de su diseño, las interpretaciones que los usuarios hacen de ellas. Por lo tanto, el proceso de instrumentalización de la tecnología implica una interacción recíproca entre lo técnico y lo social donde ambos aspectos aparecen fundidos indiferenciadamente. En definitiva, la teoría crítica de la tecnología pone en el centro de la escena la cuestión de las interpretaciones sociales que los diferentes usuarios pueden hacer de ella. De la interacción entre las interpretaciones sociales y los códigos técnicos se constituye la naturaleza de la tecnología que, por lo tanto, nunca existe “en esencia”. Pues bien, en tanto las interpretaciones varían de acuerdo al momento histórico, los contextos socio-culturales y variables como la pertenencia de clase, la edad, el género, la etnia, etc., aquellas son múltiples y variadas y, en consecuencia, no necesariamente coinciden con las restricciones sociales sedimentadas en los códigos técnicos. Es decir, nunca va a haber plena equivalencia entre el proceso de codificación y delegación y el de recepción e interpretación de las significaciones depositadas en los objetos tecnológicos. Por lo tanto, las diferentes interpretaciones pueden, al circular, entrar en disputa unas con otras. ¿Por qué hablar de apropiación y contribución? Teniendo en cuenta los aspectos relevantes de esta concepción crítica de la tecnología, también retomamos la teoría social de los medios de comunicación trazada por J. B. Thompson (1998) para construir nuestro esquema analítico e interpretativo de la relación existente entre las y los jóvenes de sectores populares urbanos y las TIC. Para dar cuenta de este vínculo, preferimos utilizar el concepto de apropiación, entendida como el proceso material y simbólico de interpretación y dotación de sentido respecto a un determinado artefacto cultural por parte de un grupo social, por sobre el de consumo. Mientras que esta última categoría presupone que las posibilidades de acción vienen predeterminadas y cerradas en las propias tecnologías, el concepto de 11 apropiación pone el énfasis en la capacidad de los sujetos para volverlas significativas de acuerdo a sus propios propósitos.4 Es por ello también que preferimos no hablar en términos de impacto ya que esta noción supondría depositar en la tecnología toda la capacidad de agencia poniendo un manto sobre la capacidad de los sujetos para interpretar y reinterpretar a los objetos técnicos. Si bien consideramos que los estudios de impacto son harto necesarios, creemos que se debe colocarlo en su lugar indicado. Es decir, sostenemos que los conceptos de “apropiación” y de “impacto” no tienen el mismo nivel ontológico. En primer lugar lo que hay siempre es una interrelación entre sujeto y objeto técnico; interrelación que implica un proceso de significación. Sólo recién después de comprender este proceso podemos, y debemos, estudiar el modo en que la incorporación de una tecnología implica toda una serie de transformaciones en la vida cotidiana de las personas. Y allí se abrirá un abanico de múltiples posibilidades: puede haber una total identificación con los códigos y fines para los que las TIC fueron diseñadas o puede haber procesos complejos de negociación o expresiones netamente de resistencia o bien una variada combinación de todo esto. Pero lo que no hay que perder de vista es que estas transformaciones son siempre resultado de aquella interacción ya que las tecnologías nunca son incorporadas o consumidas desde cero como si los sujetos fueran un informe molde de arcilla sobre el cual los objetos técnicos impactan y dejan su huella. Aquella significación no se hace desde la nada. Los individuos parten de asunciones y expectativas cuyo origen es social e histórico. Se trata de supuestos compartidos por un grupo con trayectorias similares. Por lo tanto, la interpretación es siempre un proceso hermenéutico relacional que implica una socialización con otros (Thompson, 1998: 62). Es decir, se trata de una experiencia que se construye social, histórica y biográficamente, siendo, al mismo tiempo, diferenciada de acuerdo a la clase social, al género, a la pertenencia generacional y a la biografía personal. Asimismo, entender la apropiación de una nueva tecnología comunicacional, como el conjunto de procesos socio-culturales que intervienen en el uso, la socialización y la significación de las nuevas tecnologías en diversos grupos socio-culturales, implica reconocer que aquella involucra un capital simbólico (Bourdieu, 1998) asociado al mismo. Esto significa que los artefactos culturales son apropiados en la medida en que resultan ser 4 Indudablemente, en la superación de esta perspectiva del consumo estamos en deuda con la escuela francesa de los usos sociales de las TIC (Miege, 2000; Jouët, 1992; Flichy, 1995; Toussaint, 1992, entre otros). 12 socialmente significativos para el grupo social en términos de su universo simbólico particular, es decir, de acuerdo a las necesidades subjetivas de ese grupo. Se trata, además, de una actividad situacional: la recepción se realiza siempre de manera situada, ya sea esta situación la vida cotidiana, el trabajo o cualquier otro escenario. La actividad de recepción tiene lugar dentro de contextos estructurados, caracterizados por relaciones de poder y por un acceso diferencial a los recursos disponibles. Es, a la vez, una actividad rutinaria, ya que constituye una parte integral de las actividades de la vida cotidiana. Implica además un logro habilidoso ya que requiere el desarrollo de distintas habilidades para poder apropiarse de los medios, tomar su contenido significativo y hacerlo propio (Thompson, 1998: 63-65). De la conjunción de la teoría crítica de la tecnología de Feenberg y de la teoría social de los medios de comunicación de Thompson hemos construido nuestro propio marco interpretativo para abordar las relaciones establecidas entre los actores estudiados y las TIC. Desde nuestra perspectiva, las TIC serán consideradas como un artefacto cultural (Hine, 2004:43) compuesto indisolublemente por estructuras objetivas, códigos técnicos y significaciones. De acuerdo a este marco analítico general, en nuestro trabajo definimos el concepto de apropiación tecnológica aludiendo a los procesos de interpretación y dotación de sentido implicados en las prácticas y representaciones que distintos actores construyen en torno a las Tecnologías de Información y Comunicación. Por lo tanto, al estudiar los procesos de apropiación por parte de las juventudes de sectores populares indagaremos los sentidos que las TIC les generan teniendo en cuenta el contexto socio histórico particular, la pertenencia socio-cultural de los apropiadores y los universos simbólicos previos propios de cada grupo desde donde las tecnologías son incorporadas. En tanto la apropiación se trata de un proceso hermenéutico relacional nos preguntamos de qué modo el tipo de espacio de acceso público a las TIC alimenta interpretaciones colectivas de las TIC con caracteres particulares y específicos por parte de estos actores provenientes de las clases populares urbanas. Asimismo, investigaremos si se dan procesos colectivos de adquisición de las habilidades, competencias y saberes necesarios para apuntalar dicha apropiación. A partir de nuestra definición del término apropiación como proceso de interpretación y significación de las TIC, nos interesa comprender y clasificar los sentidos que estas tecnologías adquieren en la vida cotidiana de las y los jóvenes de sectores populares urbanos argentinos. Efectivamente, nuestro estudio no se preocupa sencillamente por describir si un determinado sujeto utiliza tal o cual instrumento 13 electrónico sino que se interesa por descubrir de qué manera operan en torno a las formas objetivas, los códigos técnicos y las restricciones sociales que traen consigo las TIC. En esta perspectiva asumimos que el uso de una tecnología como Internet no es la relación con un objeto, sino con el universo de representaciones culturales con las cuales esa tecnología se articula en la vida de las familias de los sectores populares. “Internet es un objeto que se apropia en un universo relacional donde otros objetos, espacios y prácticas lo ‘resignifican’. (…) lo que ocurre con Internet está en relación tanto con el uso del objeto como con los significados con los cuales se representa. Usar Internet es a la vez una operación práctica e interpretativa” (Cabrera Paz, 2001:42). Los relatos de los jóvenes de sectores populares, en tanto estructuras narrativas que organizan sentidos, son una puerta de entrada a estas representaciones culturales. Si Internet es una “estructura comunicativa-cultural” (Cabrera Paz, 2001) que tiene la capacidad de reorganizar las experiencias, las prácticas y las simbologías de conocimiento, información e interacción social, entonces el capital cultural acumulado por los jóvenes actúa en forma dialógica con la Red dotándola de sentido. De esta manera, la reconstrucción de los relatos de los jóvenes nos permitirá acceder a los significados que los sujetos construyen en su relación con la Red. Ello supone que las representaciones sociales organizan el universo de sentido de los jóvenes en forma narrativa y están disponibles a través de sus relatos (Cabrera Paz, 2001). Es en base a este enfoque que sostenemos que varias de las categorías utilizadas para comprender el vínculo entre las TIC y los sectores populares deben ser revisadas y problematizadas. En este sentido, esperamos que los resultados de nuestra investigación nos permitan reflexionar en torno a categorías como la de “pobreza digital”, “brecha digital” y “exclusión digital”. Desde la concepción de la tecnología como un proceso de apropiación entre sujeto y objeto, donde operan múltiples tipos de mediación, consideramos que podemos estimar la contribución de los espacios de acceso público en la vida cotidiana de los y las jóvenes urbanos de bajos recursos. Entendemos que es en este juego de interrelación entre las potencialidades ofrecidas por las TIC y los universos de prácticas y representaciones que las y los jóvenes de sectores populares traen consigo donde puede estimarse la contribución al impacto (Ramírez, 2007) que el acceso público a las nuevas tecnologías podría llegar a tener para con el desarrollo socio-económico de estos grupos 14 sociales.5 En base a la teoría del cambio (Ramírez, 2007, Weiss, 1997; Rogers, 2009) pretendemos establecer los tipos de cambios que los espacios de acceso públicos a las TIC contribuyen a producir en estos grupos sociales en términos de capacidades tecnológicas, educación, empleo, capital social y participación cívica. Según los resultados preliminares obtenidos por el Global Impact Study (2010), podríamos hipotetizar que los cambios se producirán sobre: a) los usos de Internet (interacción con terceros, búsqueda de información, comercio electrónico) y b) interacción personal en el espacio (encuentros con amigos, juegos compartidos, capacitación en computación) Otro aspecto teórico relevante se relaciona con la capacidad de atribución de relaciones causales entre los espacios de acceso público a las TIC y los cambios en la vida cotidiana de los y las jóvenes urbanos de bajos recursos. Dado que el surgimiento de estos espacios y su apropiación componen un sistema complejo (Rogers, 2009; Heeks y Molls, 2009), donde influyen múltiples variables, trataremos de determinar de qué modo los espacios de acceso público a Internet contribuyen a mejorar ciertos aspectos sociales, culturales y económicos de estos grupos, más que establecer efectos de atribución certeros para cada uno de estos espacios. 4. Aspectos metodológicos. A partir de las categorías teóricas desarrolladas anteriormente, presentamos a continuación las principales preguntas de investigación: 1. ¿De qué modos las y los jóvenes de sectores populares urbanos se apropian de las TIC en un contexto de acceso público compartido? 2. ¿Qué pasaría si cada uno de estos espacios públicos no estuvieran allí? 3. ¿Qué características presenta cada uno de los espacios? 4. ¿Qué prácticas, actividades y procesos desarrollan las y los jóvenes de sectores populares en cada uno de los espacios? 5. ¿Cualés son los resultados intermedios que estas actividades y procesos generan en términos de construcción de habilidades, acceso (y permanencia) en el sistema educativo, empleabilidad, sociabilidad y compromiso y participación en la vida pública? 5 Sin dudas, el vínculo conceptual entre las nociones de apropiación y contribución al impacto merecen una mayor profundización. Sin embargo, dado los objetivos y espacios limitados del presente trabajo, llevaremos adelante dicha tarea en otros escritos. 15 Esta última pregunta puede desglosarse en las siguientes sub-preguntas: 5.1. ¿Los usos no instrumentales proveen mejores habilidades para los usos instrumentales? 5.2. ¿De qué manera los espacios de acceso público contribuyen a crear una percepción positiva de la educación y las posibilidades laborales? 5.3. ¿Cómo el uso del chat y la comunicación interpersonal promueven la construcción de redes sociales que pueden trascender los límites territoriales (físicos y simbólicos)? 5.4. ¿De qué modo el acceso público a las TIC promueve la valoración positiva de la acción colectiva y la participación en la vida pública? Nuestro objetivo apunta a determinar los resultados intermedios alcanzados por las actividades realizadas por los actores estudiados en los espacios de acceso público estudiados. Dichos resultados serán principalmente de orden cualitativo por cuanto apuntan a comprender el impacto que el acceso público a las TIC puede promover en las capacidades e imaginarios de las y los jóvenes de sectores populares urbanos. Es decir, lo que buscamos determinar con la investigación es el impacto de los modos de apropiación del acceso público a las TIC en términos de acumulación de capital social, educativo y simbólico (Warschauer, 2003; Bourdieu, 1988), capitales que, de acuerdo a la literatura especializada, resultan indispensables para que los sujetos contrarresten el llamado “efecto desaliento” y se sientan capacitados para buscar empleo (Benítez Larghi, 2009), valoren la permanencia en el sistema educativo como motor de movilidad social (Winocur, 2007a), utilicen sus redes sociales como estrategia de inclusión social y sientan que su participación pública puede resultar eficaz (Castells, 1998 y 2001). En otras palabras, esperamos definir el modo en que la apropiación del acceso público a las TIC contribuye a la construcción de valoraciones positivas respecto a sus propias capacidades, sus lazos sociales, los beneficios de la educación y de la acción colectiva por cuanto entendemos que sin todo esto resulta poco probable que se alcancen resultados finales como por ejemplo el mejoramiento de la performance laboral, la permanencia en el sistema educativo, el fortalecimiento de los lazos sociales y el aumento de la participación cívica y el compromiso con lo público. Evidentemente, dados los objetivos acotados de nuestra investigación, no pretendemos medir ni determinar el grado en que estos resultados finales se alcanzan o no sino que lo que podemos demostrar es el modo en que cada uno de los modelos de acceso público 16 estudiados puede contribuir a la generación de aquellos resultados intermedios sin los cuales resulta poco probable la realización de los resultados finales (el impacto propiamente dicho) y el alcance de las metas de las políticas públicas. A continuación presentamos un gráfico con nuestro modelo de análisis. Allí se reflejan relaciones hipotéticas entre las variables que esperamos validar con nuestra investigación. Dicho modelo establece un sistema complejo entre las características de los espacios, las actividades, los resultados intermedios y el impacto final ya que todos ellos están inevitablemente mediados por las condiciones sociales, económicas y culturales de los actores estudiados. La línea punteada entre los resultados intermedios y el impacto final refleja la relación de condición necesaria y/o no suficiente que existe entre ambos componentes. Asimismo la línea demarca el horizonte explicativo de nuestra investigación. 17 Dado nuestro interés en indagar en la interrelación entre las prácticas y las representaciones tecnológicas y el grado de complejidad de nuestro modelo analítico, el diseño metodológico de nuestra investigación incorpora técnicas cualitativas y cuantitativas En tanto no existen teorizaciones acabadas relativas a nuestro objeto de estudio específico, esto es, el vínculo entre el acceso público a las TIC por parte de jóvenes de sectores populares urbanos, en referencia al procesamiento y análisis de los datos se aplicarán herramientas descriptivas y también se procederá a la construcción de variables complejas, básicamente tipologías, cruzando los modos de apropiación de las 18 TIC con la clase social, las variables socioculturales significativas, la edad y el género. Mediante estas operaciones se desarrollarán teorías fundamentadas empíricamente (Glaser y Strauss, 1967; Strauss y Corbin, 2002) El trabajo de campo está organizado en tres etapas. La primera se centra en la revisión bibliográfica de publicaciones, investigaciones y otros recursos bibliográficos. La segunda etapa consiste en una aproximación cualitativa y exploratoria que incluye entrevistas semi-estructuradas a jóvenes usuarios y no usuarios, observación no participante en los espacios de acceso público a Internet y entrevistas estructuradas con los propietarios y/o encargados de cada espacio. Esta etapa incluye también la realización de grupos focales con jóvenes usuarios de cada espacio, facilitándonos la comparación entre los mismos. La tercera etapa estará estructurada en base a los hallazgos de las entrevistas, con el fin de elaborar un cuestionario, que nos permitirá incrementar la validez de estos datos mediante una encuesta sobre usos, actividades y resultados intermedios. A continuación presentamos las técnicas e instrumentos de indagación: - Revisión bibliográfica que permitirá tomar en consideración los conocimientos existentes acerca de los usos de TIC por parte de jóvenes, los rasgos diferenciales de los espacios considerados, y establecer los vínculos de atribución entre las carácterísticas de los espacios, las actividades y los resultados intermedios. Servirá para responder a la pregunta 5. - Entrevistas semi-estructuradas a jóvenes usuarios y no usuarios de los espacios. Las entrevistas se focalizarán en el acceso, las habilidades y competencias, usos y apropiación de las TIC, así como las representaciones sociales. La estructura de la indagación nos permitirá establecer comparaciones entre los diferentes espacios públicos de acceso compartido. Se realizarán al menos 15 entrevistas en cada espacio, en un total de 45 entrevistas. La selección de los entrevistados se realizará siguiendo los lineamientos de un muestreo teórico (Glaser and Strauss, 1967). Los criterios de selección relevantes según la bibliografía son: grupos de edad, lugar de residencia, nivel educativo y género, situación ocupacional y activismo político y cultural. Servirá para generar respuestas provisorias a las preguntas 1, 2, 3, 4 y 5. - Entrevistas a encargados y otros informantes clave de los diferentes espacios de acceso compartido. Se harán un mínimo de 10 entrevistas. Ellas proveerán datos e información sobre el funcionamiento diario de los espacios, 19 su operación y sustentabilidad. Estas entrevistas serán vitales para analizar las diferencias entre los espacios. Mediante esta técnica podremos reconstruir las condiciones de acceso (inputs) ofrecidas por cada uno de los venues y habilitar su comparación (pregunta 3), así como para lograr una mirada sobre las actividades cotidianas de los usuarios (pregunta 4). - Observación de los espacios. Esta técnica nos permitirá obtener una visión global de las prácticas de los jóvenes usuarios de las TIC, sus interacciones y desplazamientos en los espacios. De esta manera la investigación abordará los usos de Internet en los espacios compartidos sin reducirlo a lo que los sujetos dicen acerca de estos usos. Nos ayudará a analizar las estrategias de uso de los jóvenes en términos de sus propias diferencias así como alcanzar una comprensión más profunda de la dinámica diaria de los espacios. Complementaremos esta aproximación etnográfica con registro visual. Servirá para responder la pregunta 3 y la 4. - Grupos focales con jóvenes usuarios de cada espacio, con el objetivo de analizar sus prácticas y representaciones del acceso público a las TIC ofrecido por cada uno de los tres espacios (un total de 3 grupos focales con 6-8 miembros de cada uno de ambos géneros). Servirán para comparar las representaciones de los usuarios de los distintos tipos de espacios y dar consistencia a las respuestas individuales. Por lo tanto, servirá para responder a las preguntas 3, 4 y 5. - Encuesta sobre usos y percepciones de las TIC a jóvenes de bajos ingresos que asisten a los espacios de acceso público (un total de 300 casos). Servirá para analizar la validez de los datos logrados con las entrevistas y restantes técnicas y, de ese modo, generalizar los resultados. 5. Conclusiones. Nuestra expectativa es que los resultados de nuestra investigación permitan construir un conocimiento original y ofrezcan indicadores novedosos para el monitoreo y la evaluación de los programas de inclusión digital en la Argentina. Consideramos que si bien ha habido sustanciosos avances en el diagnóstico y la implementación de dichas políticas, persiste una carencia dada por la falta de estudios que incorporen la experiencia de apropiación de los actores sociales que conforman el universo de aplicación de las mismas. Esta omisión evidencia un limitación epistemological 20 considerable que se expresa en la construcción de indicadores que no contemplan la perspectiva de los usuarios finales para la evaluación de aquellos programas (Winocur, 2007). Teniendo en cuenta estas consideraciones, nos proponemos diseñar un plan comunicacional tendiente a la difusión de sus resultados entre quienes se encargan de tomar las decisiones estratégicas relacionadas con las políticas de inclusión digital y los programas de alfabetización informática. Para ello, resulta imperioso comprender la interrelación que se establece entre las juventudes de los sectores populares y las TIC mediante el estudio de los aportes ofrecidos por los distintos espacios de acceso público y la mediación sujeto – objeto técnico que allí opera. Es decir, se debe comprender qué hacen las y los jóvenes de estos sectores con el acceso público, cómo interactúan entre ellos presencialmente, con otros electrónicamente a partir de la apropiación de las potencialidades de las TIC y de lo que cada uno de los espacios ofrecen. En este sentido, el conocimiento de los cambios cualitativos surgidos de esta mediación ofrecerá un novedoso e imprescindible punto de vista a la hora de orientar estratégicamente los programas públicos. Con la investigación esperamos brindar precisas sugerencias al Estado en relación a los tipos de iniciativa que, de promoverse su financiamiento y apoyo, podrían generar un plafón de condiciones superiores para el mejoramiento de los índices de desarrollo socio-económico. ¿Qué modelo de acceso público financiar? ¿Se debe permitir los usos lúdicos en dichos espacios o, por el contrario prohibirlos? ¿Qué estrategias de capacitación deben brindarse? ¿Qué articulaciones deben establecerse entre las instancias de educación pública y el acceso público a las TIC? Pues bien, con nuestra investigación esperamos aportar evidencia científica que permita a quienes toman las decisiones responder a interrogantes como estos en el momento del diseño y la evaluación de las políticas públicas tendientes tanto a la inclusión digital como al desarrollo socio-económico de los sectores más postergados. 6. Bibliografía. Becker, Samantha, Michael D. Crandall, Karen E. Fisher, Bo Kinney, Carol Landry, and Anita Rocha. (2010). Opportunity for All: How the American Public Benefits from Internet Access at U.S. Libraries. (IMLS-2010-RES-01). Institute of Museum and Library Services. Washington, D.C. 21 Benítez Larghi, S. (2009) “La lucha desigual por la apropiación de las TIC en las Organizaciones de Trabajadores Desocupados”. Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales, UBA, Buenos Aires, MIMEO. Bouille, J. (2008): “Cibercafés o la nueva esquina. Usos y apropiaciones de internet en jóvenes de sectores populares urbanos”, en: Urresti, M: Ciberculturas juveniles. 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